Apego y Desapego

Era una noche lluviosa de noviembre. Como película de terror a lo lejos, a la orilla de la carretera, una bolsa se movía y movía, no era el viento. Desafortunadamente, lo imaginable era una realidad: unos lindos gatitos estaban abandonados menos que a su suerte, condenados a morir. El sujeto (o sujeta por eso de la equidad de género) responsable no tiene derecho a ser llamado ser humano. Pero bueno, digamos que eso brindó oportunidad para que entre amigos y conocidos adoptaran a esas criaturitas.

El más pequeñito y desnutrido (y menos beneficiado) fue el último en ser adoptado. Pero como saben, Dios en Su Infinita Sabiduría hizo que los cachorritos (incluidos los humanos) sean «bonitos y tiernos» a los ojos. Así que sin más, fue recibido con alegría en la casa, en la que fue el centro de todo. De la noche a la mañana recibió el cariño y cuidados que tanto, al parecer, necesitaba. Y digo «parecer», porque si bien para sobrevivir solo necesitaba de alimentación y posibles vacunas, recibió las mejores croquetas, agua fresca, atención de veterinario, servicios de estética y todos los abrazos y dispensas a los rasguños que propinaba a todos.

Peter Kyle Sheldon era el centro de atención. Fotos y más fotos de él, haciendo cualquier cosa: durmiendo, rascando los muebles, jugando con insectos y trepando los árboles o las ventanas. Esos fueron los primeros indicios. Hasta que un día al abrirse la puerta salió corriendo. Otro día trepando alcanzó la barda y se fue con el vecino. Esas primeras veces se le pudo «rescatar». El consejo del veterinario: «operarlo», para quitarle esos deseos salvajes innatos de buscar más allá.

No pasó más que el tiempo suficiente para que quedará asombrosamente fuerte y vigoroso y huyera… así es, así fue. Carteles por las calles vecinas, publicaciones de recompensa por las redes sociales, llamándolo casa por casa y sacudiendo su bolsa de croquetas para ver si así regresaba. Nada.

Con la huida de Peter Kyle Sheldon, alias Mishi, entendí algunas cosas de la vida:


1.- Cuando alguien desde el inicio NO quiere estar, tarde o temprano se irá.
2.- No importa que le des TODO LO MEJOR de ti a alguien, si en su corazón no estás, ni las gracias te dará.
3.- Da todo sin esperar nada a cambio, así será menos el dolor cuando «saque las uñas».
4. Todos me dicen que lo debí emascular, definitivamente de nada sirve retener a alguien de esa forma.

Por otro lado, a manera de corolarios:
1.a Si te quieres ir, vete, no te quedes por «compromiso».
2.a Si tienes que irte, hazlo como es debido.
3.a No te quedes por sentimiento de culpa.
4.a Para irte es necesario «tenerlos»… 😉, así que bien por ti Mishi.

Por eso, si amas algo, déjalo ir, si no regresa es que nunca lo fue y si regresa, déjalo para que sienta lo que sentiste y luego mándalo al rancho de ya saben quien.

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